Once preguntas que se repiten en las primeras conversaciones, con respuestas concretas. Si la pregunta que tenés no está acá, conviene escribirla en un mail y la respondemos antes de cualquier llamada.
Respuestas directas sobre cómo trabajamos, qué miramos exactamente, cuánto lleva, cómo se cotiza y cómo se relaciona Scherpa con las agencias que el cliente ya tiene.
Una agencia ejecuta comunicación: contenido, campañas, piezas, pauta, performance. Su trabajo es producir todos los meses el material que hace circular a la marca, y cuando funciona bien multiplica lo que ya está claro.
Nosotros intervenimos antes. Ordenamos las decisiones que la agencia después necesita para hacer bien su trabajo: qué se está vendiendo exactamente, a quién, qué problema resuelve mejor que la alternativa, con qué tono. Sin esas decisiones tomadas, la agencia ejecuta sobre supuestos. Con esas decisiones tomadas, ejecuta sobre criterio compartido.
Muchas veces, después de trabajar con nosotros, el cliente sigue con su agencia y recién ahí la inversión rinde lo que tiene que rendir.
No. Trabajamos sobre la cara del negocio que ve el cliente externo: la propuesta de valor, los segmentos, los canales, la experiencia, el mensaje, el tono. No tocamos procesos internos, finanzas, RRHH ni estructura organizacional.
Cuando vemos que algo de la operación interna está contradiciendo lo que la marca promete hacia afuera, lo señalamos. Resolverlo es decisión del cliente, y si hace falta podemos recomendar a un consultor de negocios que sí trabaje en ese plano.
Un diagnóstico, entre cuatro y seis semanas. Un plan estratégico completo, entre ocho y doce semanas. La implementación sostenida en la operación cotidiana, entre seis y doce meses. Después de eso, el trabajo continúa internamente, sin nosotros adentro.
Existe la versión rápida en formato de un solo taller intensivo, pero no la ofrecemos. Una marca entendida como sistema operativo necesita semanas de lectura y meses de implementación. Vender un proceso de treinta días sería prometer algo que después no se sostiene.
Parte del trabajo es entender el contexto en el que opera la marca: quiénes son los competidores reales del negocio, qué espera el segmento, cómo se mueve la categoría, qué está cambiando en el comportamiento del consumidor. Esa lectura no es decorativa. Define si el posicionamiento que se propone tiene espacio real o si está colisionando con algo que ya ocupa otro. Para eso trabajamos con herramientas de análisis de mercado y datos de consumo, no solo con entrevistas al equipo.
No. Cada etapa cierra en sí misma y tiene un entregable propio. El diagnóstico se contrata solo, sin obligación de seguir con plan. El plan se contrata solo, sin obligación de seguir con acompañamiento.
Lo que sí pedimos es que cuando se contrata la etapa siguiente, sea por una decisión nueva, no por inercia. Si al cierre de una etapa tiene sentido seguir, lo conversamos y armamos propuesta. Si no tiene sentido, lo decimos.
Cuando el plan estratégico la incluye, sí. La identidad visual no es el centro del trabajo: es una consecuencia de las decisiones de marca que vinieron antes. Si la marca no necesita rediseño, no lo forzamos. Si lo necesita y entra en el plazo, lo hacemos.
Para proyectos donde la identidad visual es lo principal, lo que conviene es contratar un estudio de diseño. Hay estudios excelentes que hacen exactamente ese trabajo, y no competimos con eso.
El proyecto lo lleva quien lo firma. No tenemos un esquema en el que un líder vende y después delega en cuentas junior. La consultora es pequeña intencionalmente para evitar exactamente ese desfase.
Depende de la etapa. En el diagnóstico, una reunión de apertura más cuatro a seis entrevistas con el equipo. En el plan estratégico, sesiones quincenales con el equipo decisor durante las semanas que dure el proceso. En el acompañamiento, reuniones quincenales con quien lidere la implementación.
Sumar mucha gente al proceso lo dilata sin mejorarlo. Las definiciones que después se sostienen son las que firma el equipo decisor.
Por etapa, no por hora. Cada etapa tiene un alcance documentado y un honorario asociado a ese alcance. La cotización se entrega después de la primera llamada, una vez entendido el contexto del negocio.
El honorario se ajusta según el tamaño y la complejidad de la empresa, no según cuántas reuniones aparezcan en el camino. Para servicios cortos como el diagnóstico, el pago se hace en dos cuotas. Para el plan estratégico, en tres cuotas a lo largo del proceso. Para el acompañamiento, mensualizado durante el plazo acordado.
No. El acompañamiento tiene un plazo cerrado de seis a doce meses, no es un retainer indefinido. La diferencia importa: un retainer se renueva por inercia, un acompañamiento termina, se evalúa y, si tiene sentido seguir, se decide como una decisión nueva.
Esa diferencia es parte del trabajo. Un acompañamiento que no termina nunca deja de ser acompañamiento y se convierte en muleta. El plazo cerrado obliga a transferir conocimiento durante el camino, en lugar de acumular dependencia.
Si la agencia está ejecutando bien y los resultados son los esperados, probablemente no haga falta. Si hay sensación de que algo no termina de cerrar, o cambiaron de agencia varias veces y el problema persiste con cada nueva, entonces sí: lo que falta probablemente esté antes de la ejecución.
En esos casos, trabajamos junto a la agencia, no en su lugar. Le pasamos el plan de marca y revisamos juntos lo que produce contra ese plan.
Una llamada de treinta minutos, sin cuestionario previo. Vos contás de qué empresa estamos hablando y qué se está intentando resolver. Nosotros escuchamos y, al final, decimos honestamente si tiene sentido seguir y con qué etapa.
No mandamos formularios largos antes de hablar. La primera lectura del problema la hacemos en la conversación, no en un Google Form.
Escribinos directamente. Lo que aparezca con cierta frecuencia se suma al FAQ. Las dudas concretas se responden por mail antes de cualquier llamada.
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