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Cómo se estructura el trabajo.

Ofrecemos tres servicios que pueden articularse o contratarse de forma independiente. Cada uno cierra en sí mismo, y tiene principio, fin y entregables claros. Si al finalizar una etapa tiene sentido seguir o no, depende del caso y se decide en conjunto con el cliente. No hay retainer indefinido ni etapas que se encadenen por inercia.

1. Diagnóstico

Una lectura ordenada del estado actual de la marca, antes de tomar ninguna decisión.

Cuatro a seis semanas para entender qué promete la marca, qué entrega el negocio y dónde aparece la distancia entre las dos cosas. El entregable es un documento que muestra qué ordenar primero.

El diagnóstico pone sobre la mesa qué promete la marca, qué entrega el negocio y dónde aparece la distancia entre las dos cosas. Es la etapa que conviene cuando todavía no está claro qué es lo primero que hay que ordenar, o cuando la empresa está considerando contratar una agencia y quiere llegar a esa decisión con base, no improvisando.

Empieza con una reunión de apertura con quienes deciden, sigue con entrevistas estructuradas al equipo —comercial, atención al cliente, dirección— y revisa los materiales que la empresa usa hoy: web, propuestas tipo, deck comercial, mails de venta. Después se hace una lectura desde afuera: cómo llega un cliente, qué encuentra, qué se le promete y qué experiencia recibe. Cierra con una lectura de mercado: competidores cercanos, dinámica de la categoría, qué está cambiando en el comportamiento del consumidor en ese segmento. El cruce entre lo que la marca promete y lo que el cliente encuentra en el mercado es parte central de la lectura.

El entregable es un documento estructurado con tres partes: qué está alineado en la marca, qué no lo está, y qué decisiones hay que tomar para avanzar. Hay además una sesión de devolución con el equipo decisor para discutir los hallazgos y una recomendación honesta sobre si tiene sentido seguir con un plan completo, hacer otra cosa primero, o no hacer nada por ahora.

Cuatro a seis semanas. Sin obligación de seguir con plan estratégico.

2. Plan estratégico

Las decisiones de marca, tomadas con el equipo decisor y firmadas antes de pasar a la implementación.

Ocho a doce semanas de trabajo con quienes efectivamente deciden en la empresa. El resultado es un sistema de marca completo: posicionamiento, territorio, arquitectura, mensaje, voz. Las definiciones que el equipo después puede sostener cuando aparece la urgencia operativa.

El plan estratégico define el sistema completo: posicionamiento, territorio discursivo, arquitectura de la oferta, mensaje principal y mensajes por audiencia, tono de voz con ejemplos. Es la etapa central del trabajo y la que más profundidad requiere, porque las decisiones que se toman acá son las que después tienen que sostenerse en el día a día.

Cada decisión se discute con el grupo que efectivamente decide en la empresa: fundadores, dirección, responsables comerciales y de atención al cliente. No es un proceso donde el cliente recibe definiciones cerradas para validar. Es un proceso donde el cliente toma las decisiones acompañado, con argumento y con metodología. Las definiciones que firma este grupo son las que después se sostienen cuando aparece la urgencia operativa.

Cuando hace falta y entra en el plazo, el plan incluye también un trabajo sobre la identidad visual. No es el centro: es una consecuencia de las decisiones de marca que vinieron antes. Si la marca no necesita rediseño, no se fuerza. Si lo necesita y el plazo no alcanza, queda como módulo siguiente.

Cierra con un plan de implementación: qué tiene que cambiar en los materiales comerciales, qué instrucciones recibe la agencia o el equipo interno que ejecuta comunicación, qué ritmo de revisión interna se acuerda, quién dentro de la empresa queda como guardián del sistema.

Ocho a doce semanas. Sesiones quincenales con el equipo decisor.

3. Acompañamiento

La etapa que sostiene el plan en la operación cotidiana, hasta que el equipo puede sostenerlo por sí mismo.

Seis a doce meses con plazo cerrado y sesión de balance al final. Sin renovación automática. El objetivo explícito es que el equipo quede en condiciones de sostener la marca sin nosotros adentro.

Un plan de marca, por bien hecho que esté, no se sostiene solo. La operación cotidiana lo erosiona si no hay alguien afuera que lo defienda durante los primeros meses. Aparece la urgencia comercial, llega un cliente importante con un pedido que no encaja, el equipo improvisa, la agencia ejecuta sobre la versión vieja, y al cabo de seis meses el plan es un documento bonito que nadie consulta.

El acompañamiento previene exactamente eso. Reuniones quincenales con quienes lideran la implementación. Disponibilidad acotada entre medio para resolver dudas concretas. Revisión y ajuste de los materiales comerciales a medida que aparecen casos reales que el plan no contempló. Brief y devolución a los proveedores externos —agencia, estudio, equipo de contenido— para que reciban una referencia clara y constante. Ajustes documentados al plan cuando hace falta, porque un plan que no se ajusta nunca no está vivo.

El objetivo explícito del acompañamiento es que el equipo quede en condiciones de sostener la marca sin nosotros. Por eso desde el principio trabajamos para identificar quién dentro de la empresa va a tomar el rol de guardián, y le pasamos las herramientas y los criterios durante el camino. Cuando el cliente no tiene esa figura, podemos ocupar el rol durante el plazo, con transferencia explícita al cierre.

El plazo es cerrado. Al final hay una sesión de balance: qué se sostuvo, qué quedó pendiente, qué hace falta para los próximos doce meses. Si tiene sentido extender, se decide ahí. Si no, se cierra limpio.

Seis a doce meses. Sin renovación automática.

Dos formas de involucrarnos

Una vez definido el plan de acción, podemos coordinar la ejecución o dejarlo en manos de quien defina la empresa.

Hay empresas que ya tienen agencia o equipo interno. Hay empresas que no. En cualquier caso, la capa de definición de marca la hacemos nosotros. La diferencia está en dónde queda el trabajo de ejecutar lo que el plan define.

Hay empresas que ya tienen una agencia, un estudio o un equipo interno que ejecuta comunicación. En esos casos, definimos el plan y le pasamos a quien ejecuta la dirección clara y constante que hoy le falta. Trabajamos junto a esos equipos, no en su lugar. La empresa mantiene su estructura y nosotros aportamos la capa anterior que ordena lo que hacen.

Hay empresas que no tienen esa estructura armada o prefieren que alguien externo coordine la ejecución. En esos casos, gestionamos la implementación de punta a punta: identificamos a los proveedores que mejor encajan con el plan, los contratamos, los coordinamos y revisamos su trabajo contra las decisiones tomadas. No producimos las piezas: las hacen los proveedores que corresponde, con nuestra dirección.

En cualquiera de las dos modalidades, el trabajo de marca lo hacemos nosotros. La diferencia es solo dónde queda el trabajo de ejecutar lo que el plan define.

Cómo trabajamos cada etapa

Tres principios que se sostienen, sin importar el tamaño del proyecto.

El proceso no se acelera. Una marca entendida como sistema operativo necesita semanas de lectura y meses de implementación. Vender un proceso de treinta días para algo que rinde en seis meses sería prometer algo que después no se sostiene. Por eso ningún servicio nuestro se ofrece en formato exprés.

Cada etapa cierra en sí misma. El diagnóstico no obliga a contratar el plan. El plan no obliga a contratar el acompañamiento. Si al final de cada etapa tiene sentido seguir, se decide como una decisión nueva, con propuesta nueva. Esto protege al cliente de la inercia que sufre cualquier proyecto largo, y nos obliga a nosotros a entregar valor cerrado en cada etapa.

No producimos comunicación. No hacemos campañas, contenido recurrente, pauta ni piezas sueltas. Trabajamos la capa anterior: la marca como sistema. Cuando hace falta producción, la hace una agencia o un estudio especializado, con instrucciones nuestras. Esa frontera es lo que nos permite hacer bien el trabajo que sí hacemos.

Si querés entender por dónde empezar, una llamada corta alcanza.

Treinta minutos. Sin cuestionario previo. Al final, decimos honestamente con qué etapa tiene sentido empezar, o si tiene sentido empezar por otro lado.

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